Rovira: “El futuro es para quienes tengan los pies en el suelo y la cabeza en las estrellas»

Álex Rovira, experto en Psicología del Liderazgo e impulsor del Self Management, ofreció la ponencia inaugural de Security Forum, titulada “El mundo que viene”. Rovira hizo hincapié en la velocidad en la que cambia el mundo. Y lo ejemplificó con un diseño de 1897, donde varios ilustradores aventuraban cómo sería el mundo en el año 2000. “Solo 20 años después de esa imagen, ya estaba superado todo lo que preveían para 100 años después. Pero el cambio ahora es mucho mayor, en los próximos 20 años, esto se va a ver multiplicado por 100”. Aun así, el futuro “es ‘inventable’”, es decir, “será lo que nosotros queramos que sea. Será de quienes tengan los pies en el suelo y la cabeza en las estrellas”.

Auge de los países emergentes

Otro de los aspectos que destacó Rovira es el giro de los centros de actividad que va a vivir el mundo en los próximos años. China, India, Indonesia, Brasil, Rusia o México son los que van a crecer, mientras que Estados Unidos y, especialmente, la Unión Europea, los que más van a caer. A nivel mundial, los que van a vivir un crecimiento más grande van a ser Vietnam, Filipinas y Nigeria, siempre y cuando todo vaya como hasta ahora. “La Vieja Europa, en el futuro, será muy mestiza. Los ricos de Asia y los hambrientos del sur vendrán”, añadió.

La salud fue otro de los escenarios de cambio que analizó Alex Rovira. “En una década, las personas con más de cien años serán el doble”. El número de personas mayores de 65 años, también. “El mundo envejece a una velocidad tremenda”. Sin duda, el gran desafío de esto será la huella ecológica, “educar a nuestros hijos en una sostenibilidad verdadera”. El mundo de personas activas caerá y el número de jubilados se doblará para 2049. “¿Nos podremos jubilar, por tanto, a los 65 años?”, se preguntó el ponente.

La medicina, la digitalización y la realidad aumentada serán otros de los escenarios que experimentarán cambios radicales en el mundo que hoy conocemos. “La ciencia nos hará más humanos, expandirá nuestro nivel de consciencia”. Además, y en consecuencia con la digitalización, “está cambiando también la manera de hacer transacciones en un mundo multicanal”. Y auguró incluso que las cadenas hoteleras van a empezar a entrar en el mundo del alojamiento de alquiler vacacional, también en el privado. Igualmente, la realidad aumentada cambiará la manera en la que percibimos e interactuamos con el mundo. Sin olvidar, por último, la ciberseguridad. “No es una opción, va a ser crucial. Además de que es sistémica, pues afecta a las finanzas, a las transacciones, a los dispositivos, a las redes…”. Pero no quiere que se conciba como “defensa, sino como generación de valor. ¿Ciberseguridad o valor digital?”, se preguntó.

Y el turismo…

Para Rovira, el grafeno va a ser el material más revolucionario de la historia contemporánea. “Un material mágico. Una vez superadas las barreras de entrada, será imparable por su alta conductividad térmica y eléctrica, así como por su dureza y ligereza”. Si a esto, sumamos la nanotecnología, el avance va a ser imparable.

Y todo esto, girará a su vez en torno al turismo. “El mundo viajará muchísimo más. Solo en 2020 se espera que 200 millones de chinos viajarán fuera de su país en 2020”. Por eso, están comprando aeropuertos, puertos o construyendo autovías en otros países, especialmente de África. Y es que, como dice el gobierno chino, “los países ya no se conquistan, se compran”.

Ese turismo podrá salir porque en una década 1.000 millones de personas entrarán en la clase media mundial, principalmente los chinos. Habrá, por tanto, 1.000 millones de consumidores. Por eso, las opciones de negocio se multiplicarán, sobre todo con los habitantes de Asia-Pacífico.

¿Y la ecología?

Pero este crecimiento exponencial debe ir obligatoriamente de la mano de la ecología y la sostenibilidad. “Las islas de basura plástica que se han ido acumulando en el plantea son insostenibles. Solo en el Pacífico, estas islas son mayores que la superficie de Australia. No podemos seguir así. Cambiaremos por convicción o por compulsión, es decir, por obligación”.

Para esto hará falta también un gran cambio en la educación. “No podemos seguir con los modelos del siglo XVIII”. Surgirán nuevos artesanos que impulsarán tecnología y manualidades con maestría. “Y todo ello gracias al impulso de la inteligencia emocional, social y psicoafectiva. Eso es lo más importante y en las escuelas todavía se está muy lejos”. Y es que se habla mucho de inteligencia artificial, “pero esta no ha llegado todavía a la creatividad, a la sorpresa, a la empatía o al anhelo. Esto es lo que nos hace diferentes de la máquina”.

Por tanto, al talento, que se considera como la base de la inteligencia desde hace siglos, se suman conceptos como la aptitud. Hasta ahora, la inteligencia solo englobaba la inteligencia cognitiva y la práctica. Pero el talento ya no es suficiente. “Necesitamos gente rebelde, pero con talante, gente que se rebele desde la bondad y el talento, que sea capaz de crear visiones y sinergias desde el compromiso”.

Ética y transparencia

En resumen, “hace falta una inteligencia ética, transparente”. Y la palabra mágica que surge de todo esta suma de inteligencias es la de cultura. “La cultura es la integralidad de lo humano. Fortaleza, sabiduría, templanza, entrega y transparencia. Todo esto engloba el concepto de cultura que debemos perseguir”. Una cultura que da sentido a la vida, plenitud y felicidad.

Para concluir su ponencia, Alex Rovira narró la historia de Pedro Opeka. Este sacerdote argentino trabaja como misionero en Madagascar. En ese país africano, uno de los más pobres del mundo, vio a chicos descalzos viviendo en un basurero y decidió ayudarlos a tener una vida digna. Con los jóvenes, seleccionó la basura y la vendió. Debajo del basurero encontró una mina de granito que explotó, junto a otra de grava.

Del vertedero, hizo una empresa que produce y comercializa abono natural y de la base del vertedero una cantera de adoquines de granito y grava. La zona está copada por casas de ladrillo de dos pisos, gracias a que Pedro enseñó a vivir de lo que podían producir a esos miles de personas que deambulaban en la basura. Los grupos de casas fueron así creando hasta 17 pueblos donde antes solo había un basurero. Actualmente, 2.500 personas trabajan directamente de las minas y 25.000 personas viven de esta industria. La mortalidad infantil ha caído del 100% al 0%. Se crearon escuelas, hospitales, dispensarios, bibliotecas…

La clave de este éxito, en palabras de Pedro, ha sido la cooperación entre los 17 pueblos creados y el empoderamiento de cada persona”, matizó Rovira. “De un entorno de miseria se ha creado uno de prosperidad. Pero para esto, hace falta determinación y excelencia, transformación y voluntad continua de cambio”, concluyó. Por eso, remarcó, “tengamos los pies en el suelo, pero la cabeza en las estrellas. Tengamos sentido práctico y humildad, pero también la capacidad de desnudarnos y de darlo todo”. Porque, “no vivimos a la altura de nuestras capacidades, sino a la altura de lo que creemos que podemos hacer”.